¿Trabajar en remoto? ¿A más horas en la oficina mayor productividad? ¿Cómo lo gestionamos nosotros?
Hace unos días en Linkedin leí un post de Jurgen Appelo (autor de Management 3.0) llamado Stop Remote Working!. Si no lo habéis leído os lo recomiendo; no puedo estar más de acuerdo con lo que piensa Jurgen.
En el post, él se sorprende porque le digan que como no trabaja en una oficina, sino que trabaja en casa, en una cafetería, esperando al avión que va coger en ese momento…realmente no trabaja, trabaja a distancia y solo está de relax.
No obstante, por las características del trabajo que realiza (intelectual al fin y al cabo), no se siente un trabajador a distancia: su oficina es cualquier parte del mundo. Jurgen se centra más en obtener resultados, en sacar trabajo (sea donde sea y en el momento que sea) que en pasar X horas delante de una silla en una oficina.
Le entiendo perfectamente, ya que en parte mi situación en 233 Grados de TI (y podría decir que la de una gran mayoría de los que estamos dentro) es parecida.
Nuestra misión es ayudar a las empresas en temas de calidad de software, procesos, producto software, agilidad, etc. y para ello, o vamos in situ a las empresas a hacer mentoring o implantaciones, o damos formación, entre otras cosas.
Aunque somos un equipo e intentamos pasar juntos el máximo tiempo que podemos, ahora mismo somos distribuidos: cada uno pasa mucho tiempo viajando de un lado a otro, cada uno está en un sitio diferente.
Cuando vas a las empresas, si que es cierto que te adaptas a su horario y forma de trabajo. Cuando vas a una empresa, es como si fueras uno más de la empresa y tus objetivos son los mismos que los suyos.
Pero en 233, el trabajo no queda solo en ayudar a esas empresas. No es la primera vez que me han dicho, bueno, y los días que no estás por ahí, ¿qué haces?, de vacaciones ¿no? ¿Horario de oficina?
Además de este tipo de trabajo y de servicios, en 233 nos basamos en resultados. Como equipo, como empresa, tenemos objetivos semanales y también a largo plazo.
De hecho, nos organizamos siguiendo Scrum con sprints de 1 semana, donde además de incluir y gestionar el tiempo que invertimos en ayudar a las empresas introducimos otras tareas propias de 233.
Cosas como libros, preparar los cursos, mantenernos al día e investigar cosas nuevas, probar nuevas tecnologías, realizar informes, gestionar la academia, congresos, nuevas ideas y proyectos, etc., están presentes como objetivos que tenemos que realizar y que son buenos para nosotros como equipo y empresa.
Incluso cada cual tiene sus propios proyectos y objetivos personales, ya que no todos somos iguales y nos motivan distintas cosas.
Tenemos oficina, es cierto. Y nos gusta pasar tiempo en ella, sobre todo porque queremos estar juntos en equipo lo máximo que podemos, hablar las cosas y coordinarnos.
Pero nadie está obligado a pasar 8, 9, 12 horas delante del ordenador sacando todo el trabajo.
Y créeme, el trabajo se hace. Los objetivos del sprint se cumplen en su mayoría y llegamos a las fechas (muchas veces impuestas externamente). Y es muy probable que un viernes nos veas en la cafetería contándonos cosas, después de haber estado toda la semana cada uno en un sitio diferente.
Gracias al ambiente que tenemos, en algunas ocasiones ante algo a lo que no llegábamos en tiempo, hemos trabajado horas de más hasta conseguirlo. Y esto ha salido de nosotros. Nadie estaba triste por tener que echar más horas en ese momento. Era más bien un sentimiento de: somos espartanos y lo vamos a conseguir, por y para nosotros.
¿Sabes por qué? Porque estamos motivados y comprometidos. Las ideas buenas no salen a la fuerza. Que estés más horas en la oficina no siempre significa que saques las cosas antes. Si estás cansado, desmotivado, saturado….olvídate de sacar adelante un trabajo intelectual.
En 233 he vivido situaciones de tener algún día nada productivo, ir al día siguiente con otra actitud, estar 5 horas trabajando al máximo, y al final sacar más cosas de lo que me esperaba.
O tomarme una mañana para gestionar mis cosas, y luego seguir por la tarde o por la noche, y cumplir lo propuesto.
O sacar cosas en un viaje de AVE, estar inspirada para escribir un post en una cafetería, tener una idea para una dinámica de un curso mientras que desconectaba un poco, tener la idea de cómo resolver un problema en un trozo de código después de salir a dar un paseo…
Después de pasar por varios sitios, si que entiendo esa “necesidad” (miedo, lo llamaría yo) de querer saber que la gente está trabajando y no se está escaqueando. Pero para mí, con las personas correctas (ojo, que a veces esto es el principal problema), un buen entorno de trabajo, con confianza, orientado a resultados, es más motivador y productivo que una política de “trabaja todos los días hasta las 9 de la noche”.
¿Recuerdas el post de Javier de Horas en la oficina vs ideas y conocimiento aportado? Yo también espero rodearme de empresas que aprendan a gestionar el rendimiento como “conocimiento aportado”, más allá de “horas sentado”. Por todo: ideas nuevas (la creatividad no suele surgir en un mal ambiente, cuando estás molesto con todo), ir a trabajar con ganas, productividad, felicidad.
Estar rodeada de gente que se sienta valorada, gente que no está quemada y no quiere marcharse de la empresa a la primera de cambio…
Realmente estas empresas marcan la diferencia. Al final todo es un compromiso entre la empresa y los trabajadores, y los trabajadores y la empresa. Si una de las dos piezas da más que la otra, a largo plazo la cosa no termina nada bien.