Si todos sabemos que el sector del software funciona mal ¿por qué sigue así?

«Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.» — León Tolstói

No falla, pero ni una vez, no hay curso, conferencia, charla, evento, conversación, etc., en el que participe, desde hace años, con personas del mundo del desarrollo software, conversando con los que estamos ahí dentro, en el día a día del mundo del desarrollo, en el que inicie el tema del daño que ha hecho a la profesión cosas como la ancestral maldición de querer “industrializar” en desarrollo software o el contrato cerrado, el peor enemigo del software, o la irrealidad de los diagramas Gantt, arma de destrucción masiva de proyectos, por poner algunos ejemplos, y que sepas a qué me refiero, en el que todo el mundo allí presente coincida en pensar y decir algo así como… “-Que cierto es, cuanto daño han hecho y hacen esas irreales visiones, y maneras de gestionar, pero ¿qué vamos a hacer?-“
Entonces… ¿Por qué todo sigue así?
Aunque la manera de cómo hacer mejor la tecnología está mucho más presente en el sector y ha crecido ampliamente en popularidad en estos últimos años (llámalo agilidad, llámalo conocimiento en buenas practicas de creación de software) el cambio de mentalidad en el día a día, el cambio en la manera de hacer las cosas sigue frenado en algún punto.
El sector de los servicios software, no sé que mejor nombre darle, pero vamos que me estoy refiriendo al sector en el que un cliente subcontrata un desarrollo software a un proveedor es sin duda uno de los que mayores fracasos de gestión software tiene y ha tenido desde tiempos inmemorables. Gran generador de situaciones como aquellas de “Lo siento, dejo la profesión, dejo la informática, y me dedico a otra cosa”.
Si hablas con la parte técnica en el cliente no falla, escucharás un “-Esto no debería ser así, así las cosas no funcionan, deberíamos trabajar de otra manera, usamos prácticas obsoletas que nunca han funcionado-“. Si hablas con la parte técnica en el proveedor no falla, escucharás un “-Esto no debería ser así, así las cosas no funcionan, deberíamos trabajar de otra manera, usamos prácticas obsoletas que nunca han funcionado-“
Entonces… ¿Por qué todo sigue así?
No tengo clara la respuesta. Hay quien le echa la culpa a los modelos de contratación, quien trabaja para la administración te puede decir que “-La ley de contrataciones no permite trabajar de otra manera-“, hay quien dice que sus clientes no entienden otra manera de trabajar, yéndonos a cualquier entorno, pequeño, mediano, grande, hay quien dirá que la culpa es “del jefe”, hay quien dice que la culpa es de los comerciales que campan a sus anchas sin responsabilidad ni conocimiento mínimo técnico alguno, hay quien dirá que es del desconocimiento técnico que tiene mucha gente, etc.
Pero, todo sigue así. Sin embargo soy optimista, sí, soy optimista porque creo que un gran cambio, uno de tal magnitud, no se produce hasta que todos los que participan y pueden llevarlo a cabo no se enfrentan a un gran “acontecimiento”, llámalo crisis, llámalo cambio de reglas, llámalo “o empiezas a trabajar de otra manera o te quedas fuera de mercado” (y está vez va en serio). Y ese un gran “acontecimiento” empezó hace ya tiempo.

“Cualquier osado intento de hacer un gran cambio en las condiciones existentes, cualquier noble visión de nuevas posibilidades para la raza humana, han sido etiquetados de utópicos.” — Emma Goldman