La historia del freelance John y de McCain y de las empresas grandes y la destrucción de talento
Esta es la historia de John. John era un freelance, uno de esos que yo considero sobresaliente en lo suyo. Para el caso, y para lo importante de esta historia, da igual que la especialización de Jon, bien fuera Agilidad, Seguridad, Pruebas de Carga, etc. El caso es que Jon, creeme, es muy, pero que muy bueno en lo suyo, de los mejores en España, se dejaba los ojos día tras día leyendo, aprendiendo, viendo conferencias y charlas en Youtube, comprando libros en Amazon y muchas cosas más.
Tanto fue así que Jon, tiempo atrás, aburrido de trabajar en una consultora, de que no faltase proyecto en el que algún comercial lo vendiese subcontratado, trabajando de acá para allá, por un módico sueldo, decidió dar el salto y montarse por libre, hacerse freelance.
A John no le faltaban proyectos trabajando para empresas pequeñas.Y con el tiempo su fama creció y entonces llegaron los trabajos para empresas medianas. Y, por fin, llegaron las grandes.
Lo de trabajar para empresas grandes, de renombre, de ostentosos edificios, que cotizaban en bolsa, que salían en anuncios de TV, etc., no sonaba nada mal. ¿Nada mal? -que diría Jon- era «todo un éxito», de consultor casi anónimo trabajando por cuenta ajena, siempre a las órdenes de un comercial sin conocimientos técnicos, que aportaba una “cartera” de contactos, y disfrutaba de una destacaba comisión a cambio… a ser uno mismo, sólo y habiendo llegado hasta el mismo nivel de clientes que cuando trabajaba para aquella consultora.
Desde el otro lado, desde la empresa grande, más por necesidad que por ingenio, la cosa tampoco era descabellada. En aquella empresa grande, McCain era por aquel entonces el responsable de cierta tecnología en la que, casualmente, John era de los mejores.
McCain estaba aburrido de ver como su empresa subcontrataba a grandes consultoras, por cuantiosas, disparatadas cifras, para acabar mandándole “consultores” con poca preparación. Y en estos tiempo, que una empresa grande subcontratara a un freelance ya no se veía como imposible, incluso se veía “a la moda”, más si era John, aquel al que McCain había conocido por sus referencias, trabajos y aportaciones.
Y ahí justamente, fue ahí, cuando empezaron los propósitos de colaborar, y como estos llevaron a las negociaciones, de ahí a las burocracias y a que esta historia no terminará como debiera.
McCain no podía negociar directamente con Jon, porque en su gran empresa… aquello estaba mal visto. Había que seguir los cauces y procedimientos. Así que tuvo que ser Electra, que no tenía ningún conocimiento de las necesidades de McCain, pero si que trabajaba para la directora de Compras, la que iniciase el contacto.
Realmente, en aquel esquema, en el que John era el mejor y McCain tenía una necesidad, el papel de Electra no debería ser determinante, ni ruta clave, hablando a lo Gantt, pero el caso es que lo fue, bien fuese porque así lo decían los procesos o porque Electra necesitaba que su labor fuera clave, para justificar su puesto.
La primera y última reunión que tuvieron Johny Electra para iniciar la colaboración no fue técnica, obviamente. Se hablaron muchas, pero a John siempre le gusta destacar y sintetizarlo en las dos siguientes
La primera era que, como el departamento de riesgos y Compras no trabajaba directamente con freelances, John debía ser subcontratado por medio de una gran consultora que trabajaba desde hace años para ellos y que se llevaría su correspondiente comisión. Aquello parecía la única opción que podría superar los trámites de “homologación de proveedores” con los que desde hace años trabajaba aquella gran empresa y que, curiosamente, eran los mismos que aplicaban a la compra de material de oficina. No dejaba de ser irónico volver a trabajar dependiendo de una gran consultora.
La segunda es que ellos sólo pagaban a 90 días y sólo los días 15 de cada mes, lo cual según las cuentas mentales de John más que 90 días eran 120. Y además sólo pagaban una vez terminados los trabajos y aprobados por el responsable de turno. Ahí John perdió la cuenta de cuántos días sumaba todo aquello pero le sonaba a mucho.
Como todo aquello no sólo le parecía absurdo, sino que, además, para John era inviable económicamente… hasta ahí llegó la colaboración, si es que hubo, entre John y McCain.
Y esta historia terminó con una nueva subcontratación de aquella gran empresa a su gran consultora de siempre, pagando un trabajo que costó 10 veces más de lo que John pedía y con un resultado que fue catalogado por McCain, en sus silencios, como de “muy mediocre”.
Y por la parte que a John le toca de la historia, aquello terminó con que John se prometió que nunca volvería a escuchar la petición de una empresa grande. Durante un tiempo intentó ofertar sus servicios en el extranjero, pero, por desgraciada, con toques de exclusión, e injustamente, aquellos países, en los que John vio que su oferta podía ser más demandada, lo miraban con reticencia y prejuicio, por su procedencia, hay que decirlo, ya que, en palabras del propio John: “él no venía de un país especialmente potente en tecnología y era más difícil justificar su contratación”.
Hace unas semanas John volvió a hablar con aquella consultora para la que trabajó y mañana empieza allí una nueva etapa profesional, dice que “con menos aspiraciones profesionales, total no tiene sentido la excelencia y quizá siempre debí buscar la comodidad y salir a las 5”